Un estudio publicado esta semana en la revista británica The Lancet alega que un 30 a 50 por ciento de los casos de psicosis en Europa se deben a la exposición al cannabis, y que estar expuestos a niveles elevados de THC aumenta este riesgo. Pero si analizamos cuidadosamente los resultados del estudio encontraremos muchas más preguntas que respuestas.

Este artículo no es el primero en abordar la relación tan compleja que existe entre el cannabis y las enfermedades psiquiátricas. Cuando revisamos otros estudios relacionados con este tema podemos encontrar que los individuos que están predispuestos a trastornos psiquiátricos pueden tener un mayor riesgo de eventos adversos después de la exposición al cannabis, y en algunos casos esto puede exacerbar los síntomas de la enfermedad.

Sin embargo, aun continúan siendo solo especulaciones la afirmación de que existe una relación causal entre el consumo de marihuana y la aparición de trastornos psiquiátricos, especialmente entre aquellos que no están predispuestos a estos trastornos y este estudio no ofrece evidencia contundente que lo demuestre.

El estudio informa que las personas admitidas en instituciones psiquiátricas por primera vez son más probable que reporten el uso de marihuana que otras personas del público en general que no padecen de trastornos psiquiátricos. Pero este hallazgo no es una sorpresa.

Está bien establecido que las personas con enfermedades psiquiátricas suelen utilizar marihuana y otras drogas a un ritmo mayor que el público en general, por lo que es de esperar que el hecho de que algunos pacientes psicóticos que consuman cannabis sea mayor que el de la población general. Pero no hay evidencia que establezca que la marihuana de ninguna forma cause la condición. 

Más bien, esta asociación puede existir porque muchos pacientes psiquiátricos se automedican con cannabis.

Finalmente, las presunciones de los autores del estudio relacionadas a los efectos dispares del cannabis basado en la potencia del THC también dejan mucho que pensar. Los sujetos en el estudio reportan voluntariamente su consumo de cannabis. Como resultado, los autores no tuvieron la posibilidad de verificar el contenido de THC de la marihuana consumida por los participantes. 

Además, el cannabis consumido por los sujetos en el estudio se obtuvo en gran parte en el mercado negro, por lo cual no sabemos a ciencia cierta el contenido real de cannabinoides.

A pesar de estas limitaciones, las preocupaciones planteadas en este documento y otras deben tomarse en serio, ya que argumenta a favor de una mayor regulación de la planta para que pueda mantenerse mejor fuera de las manos de los jóvenes y otros individuos que puedan estar en mayor riesgo de una reacción adversa. 

Pero históricamente la prohibición del cannabis no logra ningún resultado para mantener la marihuana fuera de las manos de sus consumidores. Desde nuestro punto de vista, las afirmaciones del estudio, a pesar de su carácter alarmista, hacen poco para establecer argumentos reales a favor de una prohibición más estricta.